Transformación Personal

La ilusión de la separatividad

Desde niños escuchamos que teníamos que ser los mejores de la clase, que podíamos alcanzar un primer lugar el deporte si entrenábamos arduamente, que los cupos para las becas eran escasos por lo que había que abrirse camino para adquirirlos.

Todo eso fue sembrando un concepto de competitividad, escasez y separación de las demás personas. ¿Por qué? Porque en la mayoría de los casos nos han formado desde una mirada individualista y exitista que dicta mucho de la visión colaborativa o del concepto de unidad. Han exacerbado el enfoque hacia al logro personal por sobre el aprendizaje colectivo, desdibujándose los espacios de conexión e interdependencia.

Entonces llegamos a creer que se trata sólo de lo que “yo” soy en el mundo, lo que obtengo o  lo que alcanzo,  más de cómo lo hacemos juntos. Cuando nos damos cuenta y queremos hacerlo de otro modo, a veces sencillamente no sabemos cómo. En ese minuto de conciencia aparece la decisión: sumerjo la cabeza nuevamente para hacerlo del mismo modo o la saco un poco más y doy vida a esa curiosidad. Así, cuando surge y doy curso a esa chispa, inicia un viaje de descubrimiento que comienza a revelar los detalles de la matrix social en la que estamos y  la que nos hemos creado individualmente.

Existe esa unidad desde el origen de nuestra creación, sólo que no la recordamos. La tuvimos desde que estábamos en el vientre de nuestra madre. Ahí éramos uno con ella y teníamos  lo que requeríamos. La sensación que ya no estábamos igualmente protegidos y que para buscar ese amor/atención debíamos ser de una determinada manera, nos llevó a adoptar una personalidad para sentirnos parte del clan y tener la atención de papá y mamá.

Desde ese momento inconscientemente elegimos una forma de ver el mundo y todo a nuestro alrededor con el lente de nuestra personalidad, las que se explican por ejemplo en el eneagrama. Esta herramienta nos da una pauta de cómo cada enatipo busca refugiarse en alguna pasión o fijación como una manera de sobrevivir al entorno en el que se encuentra. A medida que te vas adentrando, logras entender desde qué o cuáles esferas te estás moviendo, aprendes a “pillar” al ego y vas despojándote cada vez más de aquello que le da fuerza.

Cuando te vas acercando a tu ser, esa ilusión de separatividad comienza a desvanecerse. Ya no es necesario poner barreras, ya no te “da miedo la gente”, te das cuenta que eres como ellos y ellos son como tú. Que lo que te muestran es sólo un espejo o proyección de lo que soy yo y que estamos todos conectados, por eso nos conocimos en un momento específico de nuestras vidas.

Lo pude notar en la empresa. Al principio era solo yo, luego mi equipo y yo. Me di cuenta al cabo de un tiempo que estaba dentro de varios ecosistemas y que era parte de múltiples equipos, todos los eran! Ya no existía la idea de esta área especializada o la otra, de aquel o aquella persona, éramos parte de lo mismo y aunque pareciera extraño, buscábamos lo mismo.

Me di cuenta que si estaba ahí con ellos era por algo, que no era casualidad, empecé a preguntarme: ¿qué dice esa empresa de mí?, ¿qué me está mostrando de mí esa persona que se comporta de determinada forma?, ¿qué podría aprender?. No se trata de que “ella es pesada”, “él no tiene carácter” o “aquel no me da dirección”, al enfocar la lupa al revés te das cuenta que toda la película que ves fuera, está mostrando algo de tu terreno interno. Por eso es más fácil responsabilizar a los otros que mirarse y hacerse cargo, ya que muchas de esas cosas que percibimos están ocultas o en sombra aún para nosotros. He ahí la importancia del trabajo de conciencia y de desarrollo personal.

Pasé por la negación de que esto ocurría, luego quise ver si era así. Luego hice varios ejercicios de este tipo, me atreví a mirarme y sincerarme, escribí lo que me dolía, lloré lo que pensé que era y no estaba siendo. En la medida que fui sacando los pesos de mi mochila, descubrí que todos eran de alguna forma mis maestros y que el lugar en el que estaba era sencillamente un patio de juegos en el que podía entrenar mis habilidades. Ellos estaban para mí y yo para ellos. Y lo mejor de todo, lo podía desarrollar mientras hacía mis otras actividades!

Apareció por primera vez el concepto “amigo”. Esa palabra estaba cuidadosamente reservada solo para algunas personas claves en mi vida, hasta que entendí que si los imaginaba de ese modo, le estaba dando confianza a la persona desde el inicia y  estaba abriendo una gran puerta de conexión y sobre todo, que podía tratar a ese desconocido con el mismo cariño con el que lo haría por algunos de mis preciados amigos. Otro concepto de separatividad cayó en ese momento.

Estos son algunos ejemplos de cómo la vida se va transformando cuando ajusta los lentes, vas trabajando tus patrones y paradigmas.

La separatividad nos causa dolor, angustia, nos lleva a un lugar donde no queremos estar. ¿Cómo volvemos?  Algunas formas son por ejemplo: conectándonos con la fuente, con lo  profundo que habita en nosotros, meditando, yendo más allá del miedo, haciéndonos preguntas, conversando de forma saludable, haciendo trabajo personal, estando en la naturaleza, desarrollando una mirada apreciativa de las cosas, tomando responsabilidad de nuestra vida y permitiéndonos experimentar nuestra naturaleza humana.

Es cierto que necesitamos desarrollarnos como individuos,  eso es innegable. La trampa es pensar y creer que estamos solos,  aislados de los otros, que no hay nada de “ellos” en nosotros, que son ajenos a quienes somos. La naturaleza es muy sabia al mostrarnos en cada una de sus formas cómo estando se expresa su ser y cómo cada elemento desde su esencia, aporta a todo el ecosistema orgánica y sosteniblemente.

Reencontrase con la unidad trae paz, regocijo y felicidad. Y eso es uno de los mejores regalos que podemos hacernos a nosotros y a las personas a nuestro alrededor.

 

 

 

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